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Fuente: https://openverse.org/image/1e89d0f0-e86e-4e28-b048-7fa2621c1983?q
El Corregidor Miguel se acomodó su uniforme frente al espejo, quería verse presentable; Hoy recibiría a un soldado de otra organización, similar a la suya. Así como ellos se encargaban de recolectar bienes anormales en los territorios del Imperio Español, ese grupo realizaban una tarea parecida en las Indias Orientales Británicas. Por ello, hasta ahora habían tenido relaciones tensas, varios conflictos habían surgido cercanos a Filipinas, dando como resultado un conflicto territorial entre ambas organizaciones.
Pero esta vez, se habían acercado a ellos en lo que parecía ser buena fe, pedían colaboración para una misión. La Casa aceptó reunirse con uno de sus soldados, pero el encomendaron a Miguel el derecho de aceptar o negar la colaboración. Así que, lo que ocurriese a continuación estaba bajo su responsabilidad. Si le preguntasen, Miguel no habría negado que estaba ligeramente nervioso.
Salió de su habitación y se paseó por la Lonja, desde el pasillo podía ver el patio interior, donde había gran cantidad de personas. Varios aprendices transportaban objetos y tesoros por orden de los encomenderos; un intendente le daba instrucciones a exploradores sobre una expedición que realizarían pronto a una puerta del sol y varios corregidores como el descasaban del trabajo.
Finalmente llegó a la habitación de espera donde habían dejado al soldado de la Comisión de Cargas Inusuales. Miguel tomo un respiro e ingreso a la sala, el extranjero se levantó y lo saludo con un acento inglés que hasta dolía escuchar.
—Estimado corregidor Miguel, es un placer ponerle cara después de haber intercambiado tantas cartas.
—El placer es todo mio, tome asiento y cuénteme, ¿que es lo que le trae desde la Indias Orientales hasta Nueva España?
—Claro, verá, fui encomendado con una misión, debo cazar y matar a una bruja que hace 15 años atemorizó junto a su aquelarre a nuestra gloriosa Inglaterra. Sabemos que recientemente huyó a estas tierras a esconderse.
—Hay muchas brujas en estas tierras, algunas incluso bajo nuestra supervision, y sé también que ustedes mismo contratan brujas para sus filas, así que ¿que tiene de especial esta?
—Verá, tiene poderes terribles puede controlar los bosques y las plantas, pero eso no es lo peor, usan sus poderes para reclamar la sangre de hombres, mujeres y niños por igual.
—¿Controla las plantas dice usted?
—Si, vendió su alma a un demonio pagano de la naturaleza.
Miguel se puso a pensar, se habían encontrado con tribus así por el nuevo mundo, poseían brujería que manipulaban a los seres verdes. A algunos los habían exterminado, y a otros pocos utilizado, pero aun había algo que no entendía.
—¿Por qué tomarse tantas molestias para matar a esta Bruja en específico?
El comisario se acomodo en su silla.
—Cómo le dije, tenían un aquelarre en nuestra quería Inglaterra, por lo que la Comisión de Cargas Inusuales tomó la decisión de exterminar ese culto, solo sobrevivieron ella y su hija.
—¿Temen que quiera venganza?
—No solo eso… yo estuve en la masacre de ese día, si usted hubiese visto los horrores que yo presencié ese día, las cosas que hacían esos paganos, entendería porque estoy haciendo esto. Esa cosa es un peligro que trasciende los Imperios, no me gustaría que sucediese aquí lo mismo, aunque nuestros reinos sean rivales.
Miguel reflexionó, sería arriesgado dejar a este extranjero deambular, pero tampoco detectaba mentira en sus palabras. De ser cierto lo que decía, no podía permitirlo.
—Muy bien, dejaremos que cumpla con su misión, pero yo personalmente le acompañaré a cumplirla, si no me esta mintiendo, ese es un horror que le incumbe a nuestra casa.
Habían viajado por varios días, solos, Miguel consideró que era lo mejor. Estaban muy ocupados con las exploraciones y él podría encargarse de vigilar al inglés por su cuenta. Habían estado viajando por Nueva León siguiendo los rastros que la Comisión tenia de la bruja.
Los paisajes de aquellas tierras nunca le cansaban, le parecían hermoso, incluso en comparación a las extrañas tierras más allá de las Puertas del Sol. Su corazón había sido hecho para la exploración, para ver cosas que la mayoría nunca había visto, por eso se había unido a la Casa. Le parecía hermoso como conquistaban tierras donde se podían hacer nuevos comienzos, donde otros podían empezar otra vez, dejando el pasado atrás…
—¿Puedo verlo de nuevo?— preguntó el español.
—Claro
Para la atención del Excelentisimo señor Robert Smith
A fecha de septiembre 20 de 1679.
Estimado Robert Smith, en nombre de la Muy Honorable Junta de Regentes le encomiendo la misión de cazar y eliminar a la Dama de Interes conocida como Lady Olivia Bellerose, bruja y viuda del lider pagano conocido como Sir Asher Bellerose.
Tras su escape de la batalla en la Mansión Bellerose junto a su hija recien nacida, la Muy Honorable Comisión de Cargas Inusuales perdío su rastro y extendio una recompensa por cualquier tipo de información sobre ella. Sin emabrgo, no obtendriamos ninguna pista de su paradero hasta el pasado enero 15 de 1679 cuando uno de nuestros jornaleros en la colonia de Massachusetts logró identificarla junto a su hija y darnos su ubicación.
Retrato de la Dama de Interes
Desafortunadamente, cuando el jornalero recibio la orden de eliminarla, se dio cuenta de que estas habian huido nuevamente, pero logró seguir su rastro hasta los territorios de Nueva España, sin embargo, fue detenido por las fuerzas del reino.
Por ello, le enviamos a usted a contactarse con el grupo conocido como la Casa de Contratación Terrestral del Imperio Español para lograr ingresar al territorio y acabar con la Dama de Interés. Yo personalmente le recomendé a usted para esta tarea porque estuvo a mi lado en la batalla de la Mansión Bellerose, por lo que tengo la certeza de que usted comprende la importancia de eliminar esta corrupción de la tierra.
Aunque los asuntos del Imperio Español no nos competan, sé que usted, al igual que yo, sentimos el deber moral de hacer algo al respecto.
- Muy Honorable Regente Wyatt Taylor
Su inglés no era muy bueno, pero Miguel lograba entender la carta en términos generales. Pidió leer la carta de nuevo para confirmar algo que le llevaba rondando la cabeza hace rato. Le devolvió el papel al soldado.
—¿Qué vas a hacer con la niña?
—¿Cómo?
—Lady Olivia tenía una hija recién nacida cuando huyó de ustedes, ya debe tener unos… ¿16 años?— hizo una pausa —pero tus ordenes son solo matar a la señora Bellerose.
—La verdad, no lo había pensado, daba por hecho que también tenía que matar a…
—Comprendo.
Continuaron cabalgando en silencio por algunos minutos. Hasta que Miguel decidió romper el vacío.
—No creo que sea necesario matarla… aún es joven, con una buena educación podría no seguir los pasos de sus padres.
—¿Educarla cómo?
—A veces en la Casa, llevamos a muchachos como estos con nuestros sacerdotes o monjas, para que los instruyan por el buen camino, y puedan usar sus poderes para el bien del Imperio… lo que intento decirle es, sus órdenes son solo matar a la madre, creo innecesario hacer lo mismo con la hija, tiene toda una vida por delante, sería una lástima que se desperdiciara…
Robert reflexionó.
—Lo pensaré.
Le perturbaba de sobremanera aquella respuesta, era obvio que el británico no tenía pensado cambiar sus planes. Miguel no quería estar involucrado en el asesinado de una jovencita, por más hija de una bruja que fuera. ¿Qué haría? ¿miraría hacia otro lado mientras la mataban? ¿intervendría, aunque aquello provocara problemas entre la Casa y la Comisión?
Por unos momentos, el corregidor pensó que sería más fácil si la señorita los atacará, con su magia de manipulación de plantas, eso lo haría sencillo. Estarían actuando en autodefensa después de todo. Eso era lo que esperaba, aunque no quisiera aceptarlo, se aferraría a esa posibilidad.
Finalmente, después de mucho viajar, habían llegado a un pueblo, lugar en el que según los reportes que le habían dado a Robert, se encontraba. El lugar tenía varias casas lujosas, seguramente de los patrones, varias tiendas y una iglesia que destacaba del resto de construcciones.
Mientras se adentraban, sus uniformes llamaban la atención y no tardo mucho tiempo hasta que el murmullo llego inevitablemente a quien regia de alcalde en el lugar. Aquel hombre de largas barbas se empezó a acercar a ellos.
—Déjame hablar a mí— le dijo Miguel a Robert, este asintió.
—Bienvenidos— dijo el señor mientras se acercaba, dedicándole una mirada extraña al soldado de la Comisión, los colores de su uniforme distaban mucho de los españoles.
—¿Es usted el alcalde de esta villa?
—Es correcto
—Estoy aquí por un asunto oficial de la Corona Española, estamos buscando a una mujer inglesa que creemos se podría estar alojando por aquí, puede que use el nombre de Olivia Bellerose— Miguel le mostró el retrato.
—Oh…
—¿Pasa algo?
—Verá, ella… murió hace dos meses más o menos.
—¿Cómo dijo?— Robert se sobresaltó, y a la vez sobresaltó al alcalde con su acento.
—Sí, murió en un incendio en su casa.
—¿Puedo ver sus restos?— el inglés siguió hablando pese a las señas de Miguel.
—Claro, déjenme guiarlos, dejen los caballos, aquí, le pediré a alguien que se los cuide.
El alcalde los guio a través del pueblo, la gente les prestaba atención, pero eventualmente volvieron a meterse en sus asuntos. Se veían un lugar relativamente tranquilo, a Miguel le recordaba a su propia villa natal, eso lo tranquilizó.
Quería preguntar cómo murió Lady Olivia, pero le extrañaba más por qué Robert no lo había preguntado ya directamente, era el principal interesado después de todo. Cuando volteo a verlo, su rostro estaba rígido, y su expresión iba entre la confusión y la esperanza. Ni siquiera se daba cuenta de la mirada de Miguel, estaba centrado en el camino.
Finalmente, llegaron a las ruinas de una choza, la madera estaba negra por haberse chamuscado, pero ya le estaban creciendo moho y hongos por la humedad de las lluvias. La hierba ya comenzaba a reclamar el terreno, y entre la breña crecían algunas flores de diversos colores.
—Verán— comenzó a decir el alcalde —La señora llegó con su hija a nuestra villa a principios de año, Don Fernando, muy amable el, le ofreció una choza a cambio de que trabajase como criada para él. Estuvieron viviendo así hasta hace dos meses, como les dije, la señora Olivia murió cuando su choza se incendió— señalo unas rosas que crecían bellamente —ahí enterramos lo que quedó.
—¿Cómo sucedió el incendio?— preguntó el soldado.
—Bueno, creemos que fue algún accidente con la cocina o las velas… aunque…
—¿Aunque que?
—Bueno, Dios no me oiga esparciendo chismes, pero hay un rumor sabe… la señora Olivia era una mujer muy extraña, no iba a misa los domingos y por las noches algunos vecinos la veían meterse al bosque, el viento movía las ramas de los arboles con especial fuerza cuando eso pasaba… algunos creemos que el incendio fue provocado, porque la consideraban, Dios no me oiga, una bruja, usted sabe, aunque no hemos encontrado pistas de algún culpable.
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